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Senado argentino dice no a despenalizar el aborto

Con el rechazo del Senado al proyecto de ley para despenalizar el aborto, Argentina ha perdido una oportunidad histórica; la presión del Papa Francisco influyó, opina Verónica Marchiaro.

Legislar no es un acto de fe

Finalmente se impusieron las creencias religiosas y convicciones personales ante una cuestión de salud pública. O el cálculo político de cara a las próximas elecciones, junto con la presión de la Iglesia en el país del papa Francisco.

Los senadores argentinos votaron en contra del aborto legal, seguro y gratuito, contra una garantía de seguridad integral para las mujeres y su derecho a decidir.

Y es que el proyecto de ley iba más allá de la despenalización del aborto. Incluía también el fortalecimiento de las políticas públicas de educación sexual y reproductiva, en un Estado laico que debe velar por la ampliación de derechos ciudadanos. Según una encuesta de Amnistía Internacional, más del 60% de la población argentina está hoy a favor del aborto.

Pero el Senado no asumió la demanda ciudadana. No se legisló "sobre realidades” , como pedía el jefe de la bancada oficialista de Cambiemos, Luis Naidenoff, sino sobre preceptos morales. Esas realidades son los cerca de 350.000 abortos clandestinos que se practican por año en la Argentina, según estimaciones del ministerio de Salud. Y que representan la principal causa de muerte materna entre las mujeres más pobres y desfavorecidas del país.

El costo del 'No'

Se perdió una oportunidad histórica de dar otro paso adelante, tras un debate público que casi confirma que "estamos ante una sociedad madura", como afirmó el presidente Macri cuando decidió dar lugar al tratamiento parlamentario, pese a estar abiertamente en contra. Una sociedad que avanzó como ninguna otra en la región en materia de derechos humanos , identidad de género y matrimonio igualitario. Era la posibilidad de que Argentina se anclara en la modernidad, demostrando que está a la altura de los países del G20, con los que se codea.

El proyecto de ley había sido rechazado seis veces en el Congreso en los últimos once años, durante el kirchnerismo. Y ahora en las calles se había instalado la imparable "marea feminista” del pañuelo verde a favor del aborto.

El debate fue intenso y emocional, como es común en Argentina. Las filas conservadoras y ultracatólicas demostraron no estar a la altura de la discusión, con argumentos rayanos en la ignorancia y el mal gusto, mientras se registraban ataques violentos contra activistas de ambos bandos.

De cara al futuro

Tendrán que pasar varios años hasta que otro proyecto de ley similar pueda tratarse nuevamente en el Congreso, ya que el año próximo hay elecciones, y el recambio legislativo no modificará la relación de fuerzas en torno a la legalización del aborto.

Argentina podría plantearse como opción un modelo como el de la católica Irlanda, donde se eligió una convención ciudadana por sorteo para discutir la enmienda constitucional, a favor de la cual los irlandeses, finalmente, votaron en un referendum por abrumadora mayoría.

Con todo, Argentina ha dado un paso más al frente. El debate público y parlamentario fue enriquecedor para el país. Legisladores y legisladoras de distintos colores políticos se abrazaron unidos por una misma causa en el Congreso. Y en las calles, las mujeres se apoderaron de la victoria que da la historia a quienes se atreven a encarnar el cambio.

Publicación original de Verónica Marchiaro para la DW

Last modified onThursday, 09 August 2018 04:00

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