El escritor monstruoso: Stephen King - El portal TV Noticias de México y el Mundo

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El escritor monstruoso: Stephen King

  • Published in Cultura

Los monstruos son reales y los fantasmas también, viven dentro de nosotros y a veces ellos ganan.

El vocablo ‘monstruo’ proviene de la raíz latina monstrare, que significa ‘mostrar’, solía usarse dentro de las prácticas adivinatorias de los romanos, y representaba una advertencia, la cual era interpretada por los sabios. Cuando alguien escucha la palabra monstruo, una imagen se forma en su cabeza: garras, colmillos y una estatura descomunal junto a otras características que pueden poner en riesgo la vida de quien tenga la desgracia de toparse con él.

Lo cierto es que dicho vocablo es muy amplio y su uso no siempre es negativo, en algunas ocasiones puede utilizarse para denominar algo que es extraordinario y fuera de lo común, en este caso, a uno de los escritores más prolíficos de los últimos tiempos, cuya pluma ha ayudado a que miles de personas tengan pesadillas; por supuesto, me refiero a Stephen Edwin King, mejor conocido como Stephen King.

El 21 de septiembre en Portland, Maine, nació quien se convertiría en autor de best sellers, el famoso y a veces criticado Stephen King, quien fue criado junto a su hermano mayor Dave, únicamente por su madre Nellie Ruth Pillsbury, a quien describía como una mujer que se guardaba sus cosas, hecho que la llevó a fallecer de cáncer.

La vida del pequeño Stephen se caracterizó por constantes mudanzas, debido a los diversos trabajos de su madre, así como incontables niñeras, que según él, incluso lo foguearon para las futuras críticas literarias.

Si algo marcó la niñez de este futuro escritor, fue el hecho de pasar algunos años enfermo —podemos recordar en este punto a Bram Stoker y H.P. Lovecraft— lo que lo llevó a leer bastante, tanto que antes de que se diera cuenta ya estaba intentando escribir sus propias historias.

Siendo un niño imitó el estilo de Combat Casey, historia que mostró a su madre, la cual se sintió algo decepcionada al saber la verdad, pero quien le dijo a Stephen que intentara algo propio, logrando que éste viera que tenía todas las posibilidades del mundo frente a sí.

Fue de esta manera cuando comenzó a escribir cuentos sobre un conejo blanco y sus amigos, los cuales vendía a veinticinco centavos a su madre, para mandarlos después a sus familiares; aunque sin proponérselo su actividad literaria también se vio impulsada por uno de los proyectos de su hermano, un periodiquito llamado Dave’s rag, publicación que hablaba sobre cosas cotidianas de la localidad en donde vivían.

Otro punto que puede indicar el por qué se convirtió en uno de los principales autores del género de terror, es que desde niño sintió predilección por este; uno de sus pasatiempos favoritos era ir al cine y ver las presentaciones de terror y ciencia ficción que allí se daban.

A mí que no me vinieran con ñoñerías, mensajes optimistas y
Blanca Nieves y los siete enanitos. A los trece años quería
monstruos que devoraran ciudades, cadáveres radioactivos
salidos del mar comiéndose a los surfistas y chicas de
aspecto barriobajero y de sujetador negro.

Bajo esta influencia y ya escribiendo historias más o menos originales en su máquina royal decidió probar suerte, siendo rechazado unas cuantas veces. Recuerda que mandó una historia para la revista Spaceman, la cual no aceptaron, pero el director Forrest J. Ackerman guardó el borrador, y después de varios años, cuando Stephen King estaba en una firma de autógrafos se presentó Ackerman para mostrárselo.

Sin duda alguna su pluma inquieta lo metió en algunos problemas, pero al mismo tiempo lo encaminó a ganar experiencia, por lo que fue mandado a un diario donde comenzó a publicar en la sección de deportes.

Para 1969 ingresó a la universidad de Maine, ya que por desgracia, como les suele suceder a los aspirantes a escritores, no era muy probable que viviera de su arte; por lo que su madre le aconsejó que se titulara como maestro.

Fue en su época universitaria cuando conoció al gran amor de su vida, Tabitha Spruce; pero su vida no fue fácil, pronto llegaron un par de hijos complicando un poco su situación económica.

Siendo profesor de lengua cerca de Hampden, Stephen King tuvo que trabajar medio tiempo en una lavandería llamada New Franklin, además de medio verano como conserje en el instituto Brunswick. Su afición por escribir seguía, y a pesar de su ajetreada vida aprovechaba los descansos para avanzar en su obra: una idea que concibió mientras limpiaba los baños de las chicas en el instituto.

La historia iba sobre una tal Carrie White, una joven insegura y que era el centro de todas las burlas, pero que escondía un poder en su interior ¿les suena familiar? Por poco y no la conocemos, ya que al propio King no le agradaba su protagonista ni la trama, por lo que tiró el borrador a la basura, mismo que vio su esposa y rescató, recomendándole que siguiera pues tenía muchas posibilidades.

El 10 de mayo de 1973 le informaron que Signet Book se había quedado con los derechos de Carrie por nada más y nada menos que cuatrocientos mil dólares, de los cuales le correspondían cien mil a él, que en ese momento vivía en un piso muy modesto y sin dinero suficiente para atender algunas necesidades de su familia.

Stephen King comenta que cuando comienzas a ser reconocido como autor cada vez oyes menos el “No está en nuestra línea”; y fue así en su caso, pues tras el éxito de su primera novela publicada le siguieron otras tantas.

A la par de su éxito comenzó a sufrir de adicción al alcohol y a las drogas, lo cual se puede percibir en libros como El Resplandor (1977) o Misery (1987), en esta última la enfermera Anne Wilkes representa a la droga. Debido a esta situación, su esposa lo apoyó para que se rehabilitara.

La obra de este autor estadounidense divide a la crìtica, quizá por algo de lo que el propio King está muy consciente: el género de terror está muy subvalorado.

Sin duda alguna, el género por el que se inclinó tiene que ver con su infancia, pero por otro lado para él es importante debido a que asalta las emociones, y lo que es más importante: parte de algún punto de la realidad, es por ello que tanto los lectores como espectadores se pueden sentir identificados de alguna manera y no sólo eso, incluso puede reflejar algunos aspectos oscuros que yacen dentro de cada uno.

Stephen King también considera que el terror ayuda a una catarsis, la persona que entra en contacto con él —y esto es algo que se ha visto a través de las décadas, porque el terror ha servido como agente tranquilizador cuando hay crisis sociales— lo disfruta no únicamente porque está a salvo (como en el caso de tener una pesadilla), sino porque al final de cuentas comprende que por más complicada que sea su vida, no se compara con lo que están viviendo los personajes.

Por ejemplo una adolescente rechazada que posee poderes telequinéticos, un padre de familia con problemas de alcohol que de repente se ve en una situación estresante al cuidar de un hotel en donde habitan ciertos espíritus que desean a su hijo por su extraordinario don; una madre intentando salvar a su pequeño del ataque de un perro rabioso; un padre desesperado por recuperar a su familia muerta aunque esto vaya contra todas las reglas de la naturaleza; un escritor que cae en las manos de una fanática un poco perturbada o un grupo de siete niños que deben enfrentarse a un monstruo hambriento de mil caras que se alimenta de los pequeños de cierto pueblo.

Puedes odiar u amar a Stephen King, pero lo cierto es que su obra ha causado un verdadero impacto en los últimos años, y su pluma ha regalado a varios de los personajes más icónicos del mundo de los monstruos agazapados en la oscuridad, muchos de los cuales no necesariamente son criaturas espeluznantes, sino que puede ser una persona que parece común y corriente o incluso ciertos objetos. He allí la magia del horror, que puede estar más cerca de lo que imaginas y sólo está esperando que alguien la tome.

Por: Blanca Jazmín Vega Juárez
Facebook: /jazmin.vega.982


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